
Módulos transmisor/receptor
Una cara AESA contiene 1.000–2.000 módulos T/R del tamaño de una caja de cerillas. Cada uno tiene un amplificador GaN, receptor de bajo ruido, desfasador y atenuador. Los módulos averiados degradan el sistema gradualmente — perder 10% solo cuesta 1 dB de ganancia, mientras un radar mecánico con un transmisor averiado está muerto.
Agilidad del haz
Como la dirección es electrónica, el haz puede saltar en microsegundos. Un pulso busca, el siguiente sigue un misil, el siguiente ilumina un objetivo para un misil semi-activo, el siguiente es un enlace de datos. El APG-81 del F-35 intercala todo esto en tiempo real.
Baja probabilidad de intercepción
AESA distribuye su energía en frecuencia y tiempo, de modo que un receptor de alerta radar enemigo solo ve ruido. Saltos de frecuencia por pulso, jitter de PRF y ancho de pulso, y tiempos de iluminación en microsegundos dificultan la detección. Por eso los cazas de quinta generación iluminan objetivos sin avisarles.
Coste y refrigeración
AESA es caro — un radar de caza cuesta varios millones de dólares — y los módulos T/R generan mucho calor. La refrigeración líquida es estándar. Pero las ganancias de fiabilidad (MTBF en miles de horas frente a cientos en radares mecánicos) han hecho de AESA la única opción aceptable para aviones de combate modernos.