
Fórmula geométrica
Horizonte ≈ 4,12 × (√h_radar + √h_blanco) km, h en m. La difracción añade ~15%.
Por qué la altura lo es todo
Una antena a 20 m ve ~18 km; a 100 m, ya 40 km — cuadrático.
Propagación anómala
Las inversiones térmicas curvan los rayos hacia abajo y extienden el alcance — el 'ducting' puede dar ecos a cientos de km tras el horizonte.
Consecuencias defensivas
Los rasantes explotan este hueco. AWACS a 10 km ve cientos de km — de ahí la importancia de aviones de alerta temprana.
Difracción y efecto espejo de Lloyd
La difracción permite que las ondas rocen la curvatura terrestre, detectando blancos ligeramente más allá del horizonte físico. No obstante, el efecto espejo de Lloyd genera lóbulos de interferencia por la reflexión en el mar, creando zonas muertas donde un objetivo puede desaparecer intermitentemente.
Altitud y alerta temprana
La curvatura terrestre limita drásticamente la defensa costera. Elevar el radar en plataformas AEW permite extender el horizonte de 30 km a más de 400 km contra misiles de crucero. Esta ganancia de altitud es vital para proporcionar tiempo de reacción suficiente ante amenazas supersónicas.
Horizonte radioeléctrico vs. óptico
El horizonte de radar es un 15% más extenso que el visual debido a la refracción. Las ondas de radio se curvan hacia la superficie, lo que permite detectar objetos más allá de la curvatura geométrica. En ingeniería, se emplea el modelo de 'Tierra de 4/3' para ajustar estos cálculos de cobertura.
Interferencia por múltiples trayectorias
Cerca del horizonte, la señal reflejada en el mar y la señal directa pueden cancelarse entre sí. Esto crea 'nulos' de detección donde un misil rasante puede desaparecer del radar. Los sistemas modernos usan agilidad de frecuencia para mitigar estos nulos y asegurar el seguimiento constante del objetivo.